17 Sep

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Impedir la circulación, la entrada física al espacio íntimo. Es un lugar real que a la vez es una mentira. Transitando el espacio arquitectónico la experiencia se da más de memoria, deriva de una historia del pasado que sólo quedó en la mente, lo que pasa se destapa cada vez que se lleva y se evoca en algún momento.

¿Este espacio podría pensarse en relación al movimiento y reacción del cuerpo y a la vez como productor de cierta intimidad?

El miedo al pasado, miedo a la pérdida de los recuerdos, de los sucesos ya vividos y construidos que quedaron en la memoria. Así mismo el vacío no es el del cuerpo sino que está que en la ausencia de la memoria.

Las sensaciones que nos produce cierto lugar, los olores, los rumores, los colores, sientes que nunca los has abandonado, que aún se pueden vivir; generan imágenes, velos, capas, que anudadas resultan en cuerpo.

El recuerdo como un corto circuito que atraviesa el cuerpo por medio de los sentidos. Allí donde nace una escena, un espacio, un tiempo separado, los índices no desaparecen, se relacionan con momentos reencontrados, con intentos construidos.

Cada uno una historia, una narrativa, una construcción de lo vivido por medio de imágenes de recuerdos similares y distintos, imágenes que se representan y se dibujan consignándose en la memoria. Alejarnos de ella, intentando dejarla en el pasado. ¿Distanciarnos de ella como si fuera algo extraño, ajeno a nosotros?

Un intento fallido. Como “quisiera olvidar todo lo que ha pasado”. Lo cierto es que olvidamos la circunstancia en sí, no la impresión, esta permanece en la memoria. El efecto que los objetos exteriores logran en los órganos de los sentidos, en la percepción, desde allí, como la experiencia constituye lo que creemos ser. Una circunstancia que olvidamos y tal vez no recordamos en su totalidad, ya que así mismo está fragmentada. Es así como el olvido moldea los recuerdos, dejándonos tan sólo una cierta apariencia que a la vez imposibilita la reconstrucción de imágenes perdidas.

El recuerdo como constructor de memoria, como transformador de experiencia, siempre es evidencia de la presencia del olvido.

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