No vi la curva

19 Oct

Acerqué mi mano lentamente, pues mis ojos no fueron suficientes para satisfacer la curiosidad. Sentí el agua,  humedecí mi cara y haciendo una poceta con las manos la llevé a mis labios. Fui entrando lentamente en el agua, la misma que recorría mi cuerpo con fluidez,  y  poco a poco me vi cubierto por una especie de calma en movimiento. Me alejé de la orilla y el agua pareció olvidar que no pertenecía a este lugar, que mi naturaleza era de huésped. De pronto me vi luchando contra la corriente que me sumergió, el agua ahora pasaba sobre mí con un ritmo imparable, me revolcó y en la confusión olvidé quien era.

Mi mente en blanco comenzó una vida nueva.

Cuando todo volvió a la calma sentí mi cuerpo nuevamente y entendí  que ser uno con la corriente no es parte de mi naturaleza. Ahora soy agua, soy mi propio verdugo, me veo flotando por siempre inmerso en este nuevo ritmo. Pero el cuerpo tiene memoria y esa memoria es la esencia que habita en el corazón y es imborrable.

-Felipe Revollo.

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