Père Tanguy; gravedad y comercio

24 Nov

 

Père Tanguy fue el dueño de una tienda en Paris donde algunos de los pioneros del arte moderno se abastecían de materiales. Según el retrato que le hizo su amigo Van Gogh, Tanguy fue un hombre afable y bonachón rodeado de imágenes orientales. Sus manos de artista (de la época) o de campesino, como aquellas famosas de los ‘Comedores de papas’, se amarran en un gesto de unidad un tanto ansioso. Su cara también evidencia el paso del tiempo y el trabajo de la vida sobre la humanidad del comerciante, en contraste con los rostros japoneses que adornan las paredes del establecimiento. No sé mucho más sobre Tanguy, además de la información proporcionada por el libro de donde saqué la imagen: “era un Bretón de convicciones radicales; participó de la Comuna de 1871, fue exiliado […]”.

El efecto de la gravedad sobre el cuerpo de Tanguy, algo que identifico en la figura revelada por las fotos de muchos artistas que se enfrentaron o aún se enfrentan con los dilemas de la modernidad (se me vienen a la cabeza las barbas de Brancusi, Rodin y Monet, los calzoncillos bombachos de Picasso, los ojos caídos de Giacometti y las manos de Obregón cogiendo cigarrillos), lo diferencia de los rostros japoneses. No que estos últimos estén exentos de la implacable gravedad, pero Tanguy podría ser su estandarte. Me pregunto ¿cómo habrán llegado esas imágenes a las paredes de la tienda?

Algo que aprecio del comercio es su capacidad de hacer relaciones improbables entre imágenes y entre estas y los lugares donde se muestran. Basta con ir a la Pastelería Toledo, la de la calle 45 a la altura del Parkway, y tratar de conciliar la vitrina que exhibe la armadura de conquistador con la vitrina del postre de natas y las fresas con crema. Basta mirar las paredes de Café Pasaje adornadas con fotos de las Torres Gemelas ardiendo en llamas al lado de afiches de Café de Colombia, o el boxer disecado de Mi Tierrita afirmando su espacio entre los bouquet de sombreros típicos, la colección de Guayasamines y el resto de decorados del lugar. El comercio, como las bibliotecas, es un espacio donde las imágenes flotan y retan la ley newtoniana de la gravedad. Si no fueran tantas las relaciones inverosímiles que genera,  pensaría que se trata de casualidades, en el sentido de no tener una finalidad aparente u obedecer a un orden específico.

Pareciera que estoy muy interesado en Tanguy y así es, por lo menos en éste momento, pero su retrato llegó a mi vida por casualidad y seguramente estará presente durante pocos días. Entré a una biblioteca a resolver líos burocráticos  y mientras lo hacía, se me enredaron unos libros de pintura, entre los cuales había uno de Van Gogh. La imagen me encontró a mi y no al revés.

 

 

-Néstor Gutiérrez

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